Jamás le pertenecería a alguien. Era suyo y solamente suyo. Creía en la libertad y le agobiaba cualquier cercanía que le propusiera llegar al olvido. Cargaba con mucho y paseaba liviano, obligándome a pensar que era aún más de lo que pudiese, cualquier ser pensante, imaginar. Incluyéndolo.
El tiempo pasaba a segundo plano. No importaba, ni siquiera lo consideraba. La importancia se presentaba siempre ahora, que coexistíamos sin apartar nuestras almas, siempre libres.
El tiempo pasaba a segundo plano. No importaba, ni siquiera lo consideraba. La importancia se presentaba siempre ahora, que coexistíamos sin apartar nuestras almas, siempre libres.
Se decía que la nada nos invadía, que nuestras acciones eran inusuales y que adorábamos el sentirnos superiores. La verdad era que estábamos solos.
Acreedores de esa soledad que se entrelazó como si fuese la conexión más pura entre mellizos. Nos destruíamos y volvíamos a crearnos. Jamás haríamos daño. Al menos no intencionalmente. Buscábamos lo que todos. Inventábamos surrealidades y deseábamos creer que no todo carecía de sentido.
Acreedores de esa soledad que se entrelazó como si fuese la conexión más pura entre mellizos. Nos destruíamos y volvíamos a crearnos. Jamás haríamos daño. Al menos no intencionalmente. Buscábamos lo que todos. Inventábamos surrealidades y deseábamos creer que no todo carecía de sentido.
Nos encerrábamos en círculos. Inventábamos nuestros clichés.
“Eres arte”, me susurraba, jadeante, con la voz cansada. Se levantaba a tomar su libreta, dedicarme un par de miradas fugases y perderse entre sus hojas, palabras y lápices. Y yo quedaba ahí, admirándole, expectante ante cada suspiro que vaciaba.
Ansiábamos. Intentábamos. Nos cansábamos.
Llenábamos nuestros pulmones de elementos muertos, elementos tóxicos. Pero nunca nos dejamos. Nos desconectábamos mientras nos conectábamos.Un cigarro más, una cerveza, un valium, un porro. No nos íbamos. Más de todo, menos de todo.
“Eres arte”, me susurraba, jadeante, con la voz cansada. Se levantaba a tomar su libreta, dedicarme un par de miradas fugases y perderse entre sus hojas, palabras y lápices. Y yo quedaba ahí, admirándole, expectante ante cada suspiro que vaciaba.
Ansiábamos. Intentábamos. Nos cansábamos.
Llenábamos nuestros pulmones de elementos muertos, elementos tóxicos. Pero nunca nos dejamos. Nos desconectábamos mientras nos conectábamos.Un cigarro más, una cerveza, un valium, un porro. No nos íbamos. Más de todo, menos de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario