miércoles, 22 de abril de 2015

Asco

Es ese ruido estridente que llena la sala con gritos vacíos de emoción y sonrisas. Eso que te llena los oídos de risas falsas y sonrisas mal dadas. De esa mirada de asco, mezclada con una mueca de satisfacción personal. Eso que te reduce a un espasmo involuntario para poder meterte entre el tumulto de cuerpos sudorosos y rancios. 
Asquerosos besos apasionados. Llenos de lujuria y olvido. Llenos hasta el tope de lengua, sudor y roces a la entrepierna, buscando algo que, seguramente, está ahí. No ves y observas que todo a tu alrededor está vacío. No eres parte de nada y sigues ahí mezclado. Bailando con tus mejores pasos, intentando no pensar en todo el sexo que se estará dando y recibiendo. Tal vez piensas en la alegría de una mañana cualquiera, pero la noche–esa noche–te recuerda a la estridencia insípida del alcohol, los cigarros a la cara y las minifaldas mal puestas y movidas; probablemente llenas de orines y manos sin tacto, llenas de mentiras y cerveza escupida. 
Asco. Mucho Asco te da, ver a la gente ser feliz. Pero sonríes y eres parte de eso una y otra vez porque si no, la soledad te consume. Cómo la extrañas. No a la soledad, sino a ella que es poesía y que te ve y te entiende y siente compasión cuando te ve porque deberías ser feliz, pero eres una criatura triste y vacía, llena de odio y miedo. Con ella pasarías esta noche, evadiendo el silencio de esa música ruidosa, abultada y constante. Con ella, nada más importa. Ese cigarro a la cara y esa cerveza caliente son bendiciones. Todo es por una razón, pero pensar llena de vacío las cloacas de la cabeza. Asco, mucho asco. Con ella todo sería mejor. No vomites. Aguanta un poco más. 

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