Ayer llegue a mi casa y un hueco oscuro, oscurísimo en mi pecho me reitero la temible soledad que cuenta la historia del que ya ni siquiera esta consigo mismo.
Me desnude desesperada y con la cara inundada de lagrimas fui tirando mis prendas una a una y con toda la fuerza de la que fui capaz. Me quedé totalmente desnuda y contemplé en el espejo las lagrimas resbalándose por mi rostro, ahora más armónico.
Ayer me acosté con un hombre y ya no recuerdo sus ojos ¿cómo se llamaba, Martín, Luis, Juan? que importa. Después de tener sexo, fui a la ventana para prender un cigarrillo, solo quería ver como se desvanecía mientras el aire se llevaba sus colillas, tal como la vida misma. También quería alejarme de ese hombre: estaba hastiada de su presencia, de sus abrazos y de sus besos flojos. Él quería amor, pero el amor y el sexo no tienen relación alguna.
Ahora mismo, aun desnuda, observo el techo, ya no lloro. Pienso que me gustaría parecerme un poco más a Raskolnikov, tener valentía y sangre fría para acometer contra la basura del mundo y luego sucumbir en el remordimiento, pero no puedo atentar ni siquiera contra mí.
Esta mañana me preguntaron por qué no deseaba tener una relación estable. Ya no me interesa el amor romántico que todas las corporaciones nos han hecho tragar sin preocuparse por nuestros niveles de azúcar. Ese amor de celos y melodramas, de mentiras y de confinamiento, de decisiones compartidas y de palabras engañosas, ya no me interesa ser partícipe de ese grotesco juego.
Las personas creen que tienen libertad, porque pueden escoger la marca del carro que quieren tener, el color de su ropa, el tamaño de su televisor o la personas con la que se van a casar. Pero la verdadera libertad se disuelve ante nuestros ojos y no nos inmutamos, esperamos pacientes el final: la única libertad. Yo elijo, al menos con lo que respecta a las relaciones sentimentales, no despojar a nadie de su libertad, yo elijo no regalarle la mía a nadie, yo elijo la libertad de poder decidir a quién beso sin pesares ni arrepentimientos. Será difícil al principio, pero valdrá la pena.
Sigo mirando al techo, ahora tengo sueño y frio,
pero no me quiero vestir. Alguien está por llegar.


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