lunes, 20 de abril de 2015

Divagaciones

Mi nombre es Antonia, soy un poco sensible, un poco amarga, un poco triste, un poco lluvia.
Ayer llegue a mi casa y un hueco oscuro, oscurísimo en mi pecho me reitero la temible soledad que cuenta la historia del que ya ni siquiera esta consigo mismo.
Me desnude desesperada y con la cara inundada de lagrimas fui tirando mis prendas una a una y con toda la fuerza de la que fui capaz. Me quedé totalmente desnuda y contemplé en el espejo las lagrimas resbalándose por mi rostro, ahora más armónico.
Ayer me acosté con un hombre y ya no recuerdo sus ojos ¿cómo se llamaba, Martín, Luis, Juan? que importa. Después de tener sexo, fui a la ventana para prender un cigarrillo, solo quería ver como se desvanecía mientras el aire se llevaba sus colillas, tal como la vida misma. También quería alejarme de ese hombre: estaba hastiada de su presencia, de sus abrazos y de sus besos flojos. Él quería amor, pero el amor y el sexo no tienen relación alguna.
Ahora mismo, aun desnuda, observo el techo, ya no lloro. Pienso que me gustaría parecerme un poco más a Raskolnikov, tener valentía y sangre fría para acometer contra la basura del mundo y luego sucumbir en el remordimiento, pero no puedo atentar ni siquiera contra mí.
Esta mañana me preguntaron por qué no deseaba tener una relación estable. Ya no me interesa el amor romántico que todas las corporaciones nos han hecho tragar sin preocuparse por nuestros niveles de azúcar. Ese amor de celos y melodramas, de mentiras y de confinamiento, de decisiones compartidas y de palabras engañosas, ya no me interesa ser partícipe de ese grotesco juego.
Las personas creen que tienen libertad, porque pueden escoger la marca del carro que quieren tener, el color de su ropa, el tamaño de su televisor o la personas con la que se van a casar. Pero la verdadera libertad se disuelve ante nuestros ojos y no nos inmutamos, esperamos pacientes el final: la única libertad. Yo elijo, al menos con lo que respecta a las relaciones sentimentales, no despojar a nadie de su libertad, yo elijo no regalarle la mía a nadie, yo elijo la libertad de poder decidir a quién beso sin pesares ni arrepentimientos. Será difícil al principio, pero valdrá la pena.
Sigo mirando al techo, ahora tengo sueño y frio,
pero no me quiero vestir. Alguien está por llegar.

jueves, 16 de abril de 2015

Carta a mi fuckfriend

Todo empezó el día en que comencé a llorarte. Te extraño, no tengo porque mentir.
Mis piernas tiemblan siempre después de hacer el amor contigo (para mí siempre es hacer el amor contigo, aunque para ti solo sea ‘’coger de lo rico’’), mis ojos se cruzan en tu alma mientras te fundes en mí, mi corazón ruge de hambre por ti y mi estómago late por tanto bicho que me dejas… quizá los bichos los tengo más abajo del estómago.
Me estoy volviendo loca por ti, por tus manos apretándome y exprimiéndome la vida. Mi vida que se va con tu aliento después culminar, nunca he entendido como lo haces, como encuentras mis puntos débiles, los oprimes para dar plazos de placer, aunque para mi realmente sean como botoncitos latentes que me obligan a quererte más de lo que debería querer a alguien con quien solo tengo sexo (según tú). Dijiste que había sido la única mujer que había movido fibras sensibles en ti, sin embargo no sabías como amar. No te culpo, yo no quiero enamorarme de nadie ¿Mi problema? Tú no eres nadie. Tú eres algo que es un todo. Sinfonía de gemidos, arrebato de huracanes con esos dedos, palabras que viven después de tanto tiempo, promesas que se guardan en la parte interna del dedo meñique.
Siento que mi intensidad te perturbe, pero lo que más lamento es que tengas que jugar con mis sentimientos para poder acostarte conmigo. Y así con esto, lo que me está matando: el amarte con enfermedad de esa perversa. Sé que mi amor no es hambre, es algo que va más allá de una alevosía cochinona, va más allá de solo acostarme con cualquiera que no seas tú por tener algo caliente dentro, aunque eso no me resucite, ni se derrita como tú.
No tengo más que escribirte esto bajo sombras lejanas que no vislumbrarán ya tus ojos, porque esta noche te morirás y tal vez te esté extrañando tanto que también me mate, para por lo menos dormir juntos una vez por siempre, por qué después de esto ya no seré tu zorra. Seré mí propia zorra. Te amo hasta el infierno, amor mío. Ya no quiero que sigamos siendo erotismo asqueroso y vacío.

miércoles, 15 de abril de 2015

Mientras yo aquí, tú allá y mis dedos los que revelan

Sutil, no aceptas cuando tiemblas frente a mí. 
Haber sufrido la inexplicable emoción de experimentar uno de los peores días de mi vida y todavía tener que practicar el ejercicio triangular de ignorarte, que me ignores, que ignoremos y confundamos la paciencia con rebeldía sentimental. 
Hace unas horas te busqué en mi mente y aunque no te encontré no me precipité, espero seas tú aún cuando regrese y la esencia de tu recuerdo sea permanente en el universo. Ya sabes sobre lo que dicen de que todo cambia y bla bla bla… 
Casual, tus ojos reflejan ficciones sobre mí. 
No te hallé pues nunca te oculté. Conversé con uno de mis recuerdos y solamente parlaba en imágenes circulares haciendo un loop eterno de ti. Un delay nada raquítico respondiendo incógnitas olvidadas por el alcohol. 
Cuándo seremos le pregunto a los mensajes de texto, a tu ex novio y a los cigarros que aniquilamos la noche anterior. Cuándo dejaremos este jeringante pero entretenido juego de sólo dibujar siluetas; mis favoritas son las neón y las borrosas, así me entretengo cuando las delineamos. 
Si el triángulo deja de girar que nunca se llene de aburridas utopías, seamos trazos disparatados y omnipotentes para siempre. Como aquel amanecer.

martes, 14 de abril de 2015

Cada día de mi vida

Me encanta haberte conocido y daría lo que fuera por volver a ese momento, antes de sentir que algo fallaba. Me acuerdo mucho de tu mirada sobre la mía, esa mirada que me desdibuja todos los días, esa con la que no hace falta hablar, sólo mirarnos. Y es que me resulta sencillo ser cínica acerca del amor, pero contigo cambia la situación.
Todo se dificulta.
Me gustan más las cosas si van lentas, desde que te conozco te lo digo. Y estamos convencidos que los mejores planes, en ocasiones son de una sóla noche y paralelamente fugaces. Tu y yo somos dos almas que sólo se dejan llevar, ocurriendo por un instante que esta vez ha durado más de lo que somos capaces de soportar.
O por lo menos yo.
Te escribo a ti, justo en este momento en el que despierto y te encuentro dormido a mi lado con los labios gastados por mis besos apasionados. Tus ojos entrecerrados me han provocado dedicarte algunas líneas. Se que cuando termine me acercaré un poco para despertarte con un beso, porque creo que te amo y creo que eso se hace cuando se ama.
Podría ser que no.
Ya me he acostumbrado a ir improvisando los momentos y desde que estamos juntos nada es seguro, yo lo decidí así. Hoy tengo miedo porque por primera vez desperté con una respiración armoniosa alborotando los pequeños cabellos de mi nuca. Rompimos nuestro acuerdo de no enamorarnos.
No lo sé.
Siempre había cerrado los ojos y me quedaba dormida, pero no profundamente, despertaba tras unas horas y así podía escabullirme hasta mi auto para salir de tu apartamento sin que tus ojos me detuvieran. Sabes que me quedaría si tu me lo pidieras. Como la noche de ayer en la que ya no quise despertar. Todo se está volviendo demasiado serio.
Lo siento.
Intento explicarte como todo se fastidió, pero no puedo hacerlo dado que yo apenas comienzo a comprenderlo. Se supone que debería saber que decir. Ya he tomado una decisión, tal vez nunca leas esta carta y cuando despiertes aún siga aquí, mirandote, probablemente decidí que contigo el amor no me aterroriza. Suceda como suceda, siempre te querré con las mismas ganas.
Cada día de mi vida.

¿Qué extraño de ti?



Ayer me preguntaste que si te extrañaba. Hoy me pregunto, ¿qué extraño de ti?
¿Extraño que cojamos?
¿Extraño nuestras peleas?
¿Extraño tus gemidos?
¿Extraño bañarnos juntos?
¿Extraño nuestras idas al cine?
¿Extraño tu sillón viejo?
¿Extraño que me la chupes?
¿Extraño tu comida?
¿Extraño tus pinches celos?
¿Extraño tus mentiras?
¿Extraño tu pez raro?
¿Extraño tus lunares?
¿Extraño tus medias rasgadas?
¿Extraño tus ademanes?
¿Extraño tus silencios en la cama?
¿Extraño tus pantuflas de Homero Simpson?
¿Extraño tus post-its en el refrigerador?
¿Extraño tu tristeza?
¿Extraño tu cabello largo?
¿Extraño tus pedos?
¿Extraño tus libros?
¿Extraño tu música rara?
¿Extraño tus cigarrillos rancios?
¿Extraño tu entrepierna?
¿Extraño tu mala ortografía?
¿Extraño tus “que pendejo eres”?
¿Extraño todas tus bolsas?
¿Extraño tus anteojos rotos?
¿Extraño tu impuntualidad?
¿Extraño tus quejas?
¿Extraño la taquería a la que íbamos todos los martes?
¿Extraño tus llamadas a la oficina?
¿Extraño tu olor?
¿Extraño tu sufrimiento?
¿Extraño tu buen y mal humor?
¿Extraño tus indirectas?
¿Extraño tus disculpas?
¿Extraño que me desees?
¿Extraño tu risa?
¿Extraño tu sabor?
¿Extraño tus películas extranjeras?
¿Extraño tu sexo?
Tal vez, el extraño soy yo.

lunes, 13 de abril de 2015

CUANDO TE EXTRAÑO ...

Extraño tus manos cuando me miras, extraño tus ojos cuando me tocas. Extraño tu abrazo por la mañana y tu beso por la noche. Y también al revés lo extraño. Extraño tu presencia con una suave distancia de tu mente, cuando solo miras en lo profundo mientras siento tus pensamientos vibrando sobre mi piel, rozando la punta de mis dedos y carcomiendo mi vientre. Escucho tu silencio y me alejas. Y te alejas más cuanto más piensas.Y te vuelvo a extrañar.