jueves, 14 de mayo de 2015

Un acto terrorista

Regresé a ella en julio. No sabía bien cómo desenvolverme pero estaba claro que debía hacer a un lado el rencor que sentía porque me dejó plantado en la fiesta de cumpleaños. Y la pasamos bien en ese reencuentro, nos besamos, nos abrazamos y todo eso. Yo hubiera preferido un espacio diferente a su lugar de trabajo para la reunión, pero las cosas se dieron así, espontáneamente, de hecho quedamos de vernos al día siguiente en una plaza comercial. Ella canceló la cita con un mensaje de texto ya que yo estaba ahí, esperándola. Dijo que se sentía cruda y desvelada. No le armé un lío y le dije que mejor descansara. Quedamos de volver a vernos pronto para embriagarnos juntos, aquello tardaría más de la cuenta.
A los pocos días del reencuentro, ella puso fotos de De-e en las redes sociales de su celular y me di cuenta que él era su prioridad emocional. No me sentí traicionado, a esas alturas ya sabía demasiado respecto a ese hombre, o si no demasiado, sí lo suficiente. Volví a distanciarme de Tania  con plena conciencia que ella me quería, pero no tanto como quería a De-e. Había que aceptar esa realidad. Me distancié y no le expliqué en ese momento por qué.
Esta no es una historia sobre el rencor, ya lo dije, aunque a estas alturas, ya ni siquiera sé si es una historia. Sólo escribo sobre separaciones y reencuentros; cuando ese amor parece fortalecerse llega algo y lo inmola, es un acto terrorista amar a Tania, pero nunca me he arrepentido de amarla así, aunque haya semejantes interrupciones también llegó el día en que acepté eso, a vivir nuestros momentos como si fueran los últimos, tal vez ello es lo que hace indestructible el sentimiento y mis emociones hacia ella, la mujer más hermosa del mundo.

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